CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
BIBLIOTECA JUDICIAL "DR. RICARDO GALLARDO"


BIBLIOGRAFÍA DE LIBROS

CLASIFICACION 262.12
L864m
Libro
CIUDAD San Salvador,
INVENTARIO 005191 EDITORIAL Ministerio de Cultura
EJEMPLAR AÑO 1960
VOLUMEN ILUSTRACIONES
AUTOR López Jiménez, Ramón PAGINAS 185 p.
AUTORES
Ramón López Jiménez
ISBN
TITULO
Mitras salvadoreñas
CM 24 cm
TITULO UNIF. NOTA
EDICION 1a. ed SERIE . --(Colección Historia, vol. 6 )
PAIS El Salvador DESCRIPTORES 1. OBISPADOS 2.MITRAISMO 3.IGLESIA - HISTORIA I. Título
CODIGOS DE EJEMPLARES
MATERIA 1 OBISPADOS
CODIGOS DE VOLUMENES
MATERIA 2 MITRAISMO
NUMERO DE EJEMPLARES MATERIA 3
FECHA 04/05/2000 TITULO Mitras salvadoreñas
NUMERO DE VOLUMENES
CONTENIDO Dr. José Matías Delgado y de León, Dr. Jorge Viteri y Ungo primer obispo de El Salvador, Dr. Tomás Miguel Pineda y Saldaña, Dr. Antonio Adolfo Pérez y Aguilar, Dr. José Alfonso Belloso y Sánchez.


Texto
RAMÓN LÓPEZ JIMENEZ


Mitras Salvadoreñas


MINISTERIO DE CULTURA
DEPARTAMENTO EDITORIAL
SAN SALVADOR, EL SALVADOR, C. A.
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PRÓLOGO


A través del Santo Tribunal de la Inquisición, España y sus colonias de ultramar lograron mantener incólume la unidad religiosa.

El catolicismo, como religión oficial del estado, imperó sólo a través de tres centurias de vasallaje y abyecto oscurantismo; y cuando en 1812 las Cortes de Cádiz promulgaron la primera Carta Magna Española, consignaron como precepto constitucional la esclavitud de las conciencias.

El 15 de septiembre de 1821, en el momento mismo en que los próceres de Centro América rompían todo vínculo de dependencia con respecto al gobierno español, hacían hincapié en que “la Religión Católica que hemos profesado en los Siglos anteriores y profesaremos en los sucesivos, se conserve pura e inalterable, manteniéndose vivo el espíritu de religiosidad que ha distinguido siempre (al Reino de) Guatemala”,

Así condenaban nuestros próceres, a las generaciones presentes y venideras, a adorar a Dios, no según los fueros íntimos de la propia conciencia, sino de conformidad a los dogmas, creencias y prácticas de la Religión Católica Apostólica y Romana.

El 1° de Julio de 1823, al ratificarse solemnemente el pronunciamiento de emancipación política, fundarse la República y crearse el vínculo de unidad nacional, los centroamericanos quedamos envueltos, una vez más, en el manto inaceptable de la intolerancia religiosa.

Como es sabido, en sus relaciones con la Iglesia el Estado puede estar colocado en cualquiera de estas cuatro posiciones: 1°) si tienen una religión oficial, con exclusión de cualquier otro culto, priva la intolerancia religiosa; 2ª ) si tiene una religión oficial y permite el culto privado pero no el público de otras religiones, existe tolerancia de cultos restringida; 3ª) sí existe una religión oficial, pero se permite el culto privado y público de otros credos, hay tolerancia de cultos amplia; y 4ª) si el Estado no tiene ninguna religión oficial y permite todos los cultos en un plano de igualdad, siempre que no lesionen la moral ni las buenas costumbres, existe libertad de cultos.

La intolerancia religiosa que embargaba a Centro América fue herida por la Constitución Federal de 1824, que adoptó la tolerancia de cultos restringida. A partir de su promulgación, el centroamericano no católico pudo adorar a Dios en el asilo sagrado de su conciencia, aunque le estuvo vedado el ejercicio público de su religión.

Con la llegada de los liberales al poder supremo de la República, bajo la égida del ínclito general Francisco Morazán y gracias a los debates parlamentarios de José francisco Barrundia y otros próceres inmortales, se logró que el Congreso Federal decretara el 2 de mayo de 1832
La libertad de cultos. Así, Centro América, fue el primer país de la América Latina y el segundo del continente (después de estados Unidos) que incorporó esta hermosa conquista del género humano como precepto constitucional.

“Todos los habitantes de la República ---dice el histórico decreto--- son libres de adorar a Dios, según su conciencia, y que el Gobierno Nacional los proteja en el ejercicio de esa libertad”.

Cuando dicho Decreto Federal llegó a conocimiento de la Asamblea Ordinaria del Estado de El Salvador, era Presidente de este organismo legislativo el doctor José Matías Delgado, BENEMERITO PADRE DE LA PATRIA. En tal concepto suscribió la Ley, por medio de la cual se adoptó la reforma a la Constitución Federal en lo tocante a la Religión, ejemplificando así su grandeza de espíritu y su convicción profunda de que sólo la libertad de cultos excluye las fricciones entre las potestades civil y eclesiástica, y qué sólo ella hace efectiva la separación del Estado y de la Iglesia.

Dice así el importante documento a que hacemos referencia:

“La Asamblea Legislativa del estado de El Salvador, después de haber examinado con la más escrupulosa atención las razones y fundamentos en que se apoyó el Congreso Federal en cuanto limita el ejercicio de los cultos religiosos, restricción tan opuesta a la prosperidad nacional, y cuyos malos efectos los han sentido este Estado viendo obstruidos los progresos de la ilustración, riqueza y población que pueda proporcionar una colonización exenta de aquel obstáculo; que, por otra parte, en las guerras desastrosas que ha sufrido, ha tenido notorio influjo el fanatismo religioso, efecto necesario de la intolerancia. Por todo esto, lo manifestado por la comisión, y cuanto consta en el expediente y demás que ha tenido en consideración la Asamblea.

DECRETA:

“Se adopta por el Estado de El Salvador el decreto del Congreso Federal de 2 de mayo último que reforma el artículo 11 de la Constitución Federal, y establece la libertad de cultos”.

Ese Decreto fue comunicado a todos los pueblos de El salvador por el Ministro General del Gobierno que presidía don Mariano Prado: por el presbítero, doctor y licenciado don Isidro Menéndez.

Rota la Federación Centroamericana, los Estados disgregados convocaron nuevas Asambleas Nacionales Constituyentes: unos países, como Guatemala y Costa Rica, retornaron a la intolerancia religiosa; otros, como El Salvador, a la tolerancia de cultos.

En El salvador hubo tolerancia de cultos de 1841 a 1864; intolerancia de cultos de 1864 a 1871; tolerancia de cultos de 1871 a 1883; y libertad de cultos desde 1883 hasta nuestros días.

Durante los períodos en que han prevalecido la intolerancia y la tolerancia de cultos, se han suscitado frecuentes choques o desavenencias entre las autoridades civil y eclesiástica.

En 1829, monseñor Fray Ramón Casaus y Torres y centenares de frailes dominicos, franciscanos, recoletos, etc. ---excepto los mercedarios que se dedicaban al cuidado de los enfermos en los hospitales---, fueron expulsados del territorio de Centro América, por conspirar contra la seguridad y las libertades de la República, El Congreso Federal declaró “traidor a la Patria” al citado arzobispo, quién no retornó a su Diócesis sino “inanimado por la muerte”.

En El salvador, monseñor Jorge de Viteri y Ungo, fue expulsado por revoltoso durante la administración del licenciado conservador don Eugenio Aguilar y fue a morir oscuramente a León, (Nicaragua), Tomás Miguel Pineda y Zaldaña, presionado por la reforma liberal, abandonó su Diócesis durante la administración del capitán general Gerardo Barrios y no regreso a su rebaño, a pesar de orden terminante del Sumo Pontífice, sino pisando la sangre de los salvadoreños que murieron defendiendo la plaza de San salvador ante la arremetida del cachurequismo guatemalteco en 1863; y monseñor José Luis Cárcamo y Rodríguez, salió expulsado de su obispalía durante la administración del mariscal de campo Santiago González.

En Guatemala, la Revolución Liberal de 1871, acaudillada por el general Miguel García Granados, expulsó al arzobispo Piñol y Aycinena y al obispo Ortiz y Urruela.

Finalmente en El Salvador, durante ha prevalecido el precepto constitucional de la libertad de cultos, no se ha producido ningún choque ni desavenencia de consideración entre las autoridades temporal y espiritual, y así han gobernado pacíficamente a la grey salvadoreña los arzobispos Antonio Adolfo Pérez y Aguilar, José Alfonso Belloso y Sánchez, y Luis Chávez y González, como los obispos de la Diócesis sufragáneas de Santa Ana, San Miguel, San Vicente y santiago de María.

Este desenvolvimiento histórico ha puesto de relieve la visión de Morazán, Delgado, Barrundia, etc., quienes consideraban, que la libertad de cultos, era la formula sabia y armonizadora entre dos potestades diferentes: la civil y la eclesiástica.

Me ha solicitado el Doctor Ramón López Jiménez que prologue su obra: MITRAS SALVADOREÑAS, a través de cuyas páginas hace una reseña de los gobiernos episcopales que ha tenido El salvador y de las innumeras vicitudes, por las cuales cada uno de ellos ha pasado curso azaroso de la historia.

Espiga el distinguido amigo en un campo en que todo es movedizo como las arenas del desierto y en el que las palabras y las opiniones del liberal desentonan con las del conservador, las del libre-pensador con las del católico, etc, etc.

Buscar la imparcialidad en esos dominios, es casi imposible; porque, todos los documentos y fuentes de información que pueden servirnos de base para nuestros fallos, están animados por el fuego de las pasiones de seglares y eclesiásticos, abrazados por la tempestad de las querellas que unos y otros precipitaron en el torbellino de los hechos y conmovidos por la secuencia de falsedades; y porque, en definitiva, el historiador tiene que escoger una de estas dos posiciones ideológicas:

El de la libertad o de la esclavitud de las conciencias. ¡Desgraciadamente no hay término medio!

El doctor López Jiménez, no es ateo, ni comunista, ni enemigo de la Iglesia. Tampoco lo fueron el BENEMERITO PADRE DE LA PATRIA Doctor José Matías Delgado; ni el gran Legislador presbítero, doctor y licenciado don Isidro Menéndez; ni lo han sido tantos otros ilustres compatriotas que han comulgado con la libertad de cultos, que han luchado contra la esclavitud de las conciencias.

Hombre ya de maduros años, sereno en sus juicios, con una gran devoción por los estudios históricos y un ejemplo anhelo de servir a la causa de la cultura nacional, el doctor López Jiménez, sin hacer uso del ditirambo ni la diatriba, enfoca en justos meridianos las administraciones episcopales salvadoreñas, poniendo, para el caso, en el pináculo de la glorificación al ilustre monseñor Antonio Adolfo Pérez y Aguilar, como en los más bajos estadios del aprecio y del reconocimiento público al panfletario y revoltoso monseñor Jorge de Viteri y Ungo, quien siempre fue indigno de ostentar la Mitra, de portar el báculo de Obispo.

Personalmente, no puedo suscribir muchas de las conclusiones del doctor López Jiménez, y estoy seguro que su obra, de publicarse, provocará interesantes polémicas entre escritores amantes de la libertad y de la esclavitud de la conciencia.

Por ejemplo el doctor López Jiménez califica a monseñor Pérez y Aguilar, como “el Conciliador”, y dice que este: “sin abandonar ni descuidar sus intereses religiosos, comprendió que había que conciliar; y llevó a efecto y realizó una hábil política de acercamiento entre la Iglesia y el Poder Público”.

En mi sentir, sin rebajar méritos, porque monseñor Pérez y Aguilar es digno de la administración nacional,”el Conciliador” entre las potestades, eclesiásticas y civil, no fue el tercer obispo y primer arzobispo de San salvador, sino el artículo de la Constitución de 1883, ratificado en la Constitución de 1886, que estableció de manera irrestricta la libertad de cultos en nuestro país.

Prueba evidente y robusta de esta conclusión es que, no sólo monseñor Pérez y Aguilar, sino también sus sucesores en la Mitra metropolitana y los demás prelados de las Diócesis sufragáneas de la Arquidiócesis san Salvadoreña, no han tenido nunca ninguna fricción, ninguna desavenencia, ningún choque con los poderes públicos.

Monseñor Pérez y Aguilar sólo tuvo el privilegio, la inmensa suerte de iniciarse en el gobierno eclesiástico, en un largo reinado pontificio, bajo los resplandores de la libertad de cultos, de la separación de la Iglesia y del estado, de la enseñanza laica constitucional. . .y de marchar por los caminos de la historia, guiado por el espíritu liberal de José Matías Delgado, el BENEMERITO PADRE DE LA PATRIA, el Patriarca de nuestras libertades. . .

Sólo me resta agradecer al doctor López Jiménez el honor de prologar su obra conjuntamente con mi ilustrado amigo doctor Julio Fausto Fernández, una de las mentalidades filosóficas mejor acreditadas de Centroamérica, y dejar que el amable lector, que ha leído estas líneas, abra, con verdadero deleite, las páginas de “MITRAS SALVADOREÑAS”.

San salvador, febrero de 1960.
JORGE LARDÉ Y LARÍN
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ÍNDICE


Prologo.---Jorge Lardé y Larín
Mitras Salvadoreñas.---Julio Fausto Fernández

DR. JOSÉ MATÍAS DELGADO Y DE LEÓN, PRIMERA MITRA SALVADOREÑA

La Primera Mitra de El salvador para el Padre delgado
El Padre Delgado es insultado por el Arzobispo de Guatemala Monseñor Casaus y Torres y amenazado con tremendas frases por el Papa León XII.

¿Pudo el Gobierno Salvadoreño legalmente elegir la Diócesis y Nombrar Obispo al Padre Delgado?

Muerte del Padre Delgado. Flores sobre la tumba del Prócer

Poca simpatía del Padre Malaina por la gloriosa figura del Padre delgado Final

DR. JORGE DE VITERI Y UNGO, PRIMER OBISPO DE EL SALVADOR

Jorge Viteri y Ungo, primer Obispo de El Salvador
Primeros pasos del Obispo

Comienzan las dificultades

Lo increíble acontece

El Obispo Viteri se va a Nicaragua

Datos biográficos de Monseñor Viteri. Apuntamientos de la Historia

Eclesiástica de El salvador

¿Dónde nació el Obispo Monseñor Viteri?

El primer Obispo de El Salvador Monseñor Jorge de Viteri y Ungo nació en San Salvador

Muerte del Obispo y éxodo sin fin de sus restos mortales

DR. TOMÁS PINEDA Y SALDAÑA, SEGUNDO OBISPO DE EL SALVADOR

Tomás Miguel Pineda y Saldaña, segundo Obispo de El salvador

Porque comenzaron las dificultades entre el Presidente Gerardo Barrios y el Obispo Pinada y Saldaña

Continúan las dificultades

Concordato entre la Santa Sede y el Gobierno del Capitán General

Regreso de Monseñor Pineda, desastre del Capitán General, su fusilamiento y muerte del Obispo

Fin del Concordato entre la Iglesia y el Estado

Muerte del Obispo

DR. JOSÉ LUIS CÁRCAMO Y RODRÍGUEZ, TERCER OBISPO DE EL SALVADOR

Dr. José Luis Cárcamo y Rodríguez, tercer Obispo de El Salvador
Por qué comenzaron las dificultades entre el Presidente González y el Obispo de San Salvador.

El famoso motín de San Miguel


DR. ADOLFO ANTOBIO PÉREZ Y AGUILAR, CUARTO OBISPO DE EL SALVADOR Y PRIMER ARZOBISPO

Dr. Antonio Adolfo Pérez y Aguilar, cuarto Obispo de El Salvador y primer Arzobispo

Datos biográficos

Crónica social de la época

Corona Literaria

El Palacio Arzobispal

Para el Profesor José F. Figeac, Monseñor Pérez y Aguilar era un Santo

Pastorales

La devoción y admiración del Monseñor Pérez y Aguilar por el Presbítero Doctor José Matías Delgado.

El Arzobispo Pérez y Aguilar fue el conciliador entre la Iglesia y el estado Fallecimiento y funerales


DR. JOSÉ ALFONSO BELLOSO Y SÁNCHEZ, SEGUNDO ARZOBISPO DE EL SALVADOR

Dr. José Alfonso Belloso y Sánchez, segundo Arzobispo de El Salvador

Conocí personalmente a Monseñor Belloso y Sánchez

Conferencia de Monseñor Belloso explicando la erupción del Volcán de San Salvador del 7 de junio de 1917

El Arzobispo Monseñor Belloso y Sánchez y los problemas sociales contemporáneos

El Socialismo

Los Sistemas Socialistas

El Comunismo Revolucionario

El Comunismo y la Razón

El Socialismo y la Patria Salvadoreña

El Pensamiento de Monseñor Belloso después de la Revolución Comunista de El Salvador en 1932

A propósito del momento actual

Disposición de Animo para con la Santa Iglesia

Especificación de la Materia

El Salario y el Obrero

El Salario y la Empresa

El Salario y el Bien Común

Conclusión

La personalidad de Monseñor Belloso

Muerte de Monseñor Belloso en Estados Unidos. Traslado de sus restos y Funerales


MONSEÑOR LUÍS CHÁVEZ Y GONZÁLEZ, TERCER ARZOBISPO DE SAN SALVADOR

Monseñor Luis Chávez y González, tercer Arzobispo de San salvador
Final de Mitras Salvadoreñas.